Player sobremesa
Body
He puesto la lámpara nueva junto a la butaca para leer y qué diferencia, xe, llevaba semanas echándole la culpa a la letra del libro. Sigo necesitando las gafas y acercarme un poco, pero ya no termino con la frente arrugada de hacer esfuerzo. A media tarde he cogido una aguja para un arreglo de Amparo y he notado lo mismo: con buena luz las manos saben trabajar sin que yo adelante tanto la cabeza. No me he vuelto una muchacha, ni falta que hace, aunque me habría gustado ceder antes con la lámpara en vez de decir que la vieja alumbraba de sobra. He leído otro capítulo después de cenar y, por una vez, he parado porque tenía sueño, no porque se me mezclaran las líneas.
Mind
La bibliotecaria me ha preguntado si sigo con la lista de los cien libros y he dicho que sí, como si estuviera rindiendo cuentas de un encargo. Voy por el sesenta y uno, pero el último me está aburriendo y llevo dos noches leyendo las mismas páginas. Antes pensaba que dejar un libro era no haberle dado bastante oportunidad; ahora no sé si estoy siendo constante o cabezota. He leído por gusto toda la vida, no para que me sellen una cartilla. Lo he apartado y he empezado otro que me apetecía. En la lista no he puesto ninguna cruz, sólo una nota a lápiz: volver si dan ganas. Ya veremos si me las da, que libros no faltan.
Emotion
Mi nieta me llamó para contarme que había encontrado un poema por su cuenta, sin que yo se lo hubiera dejado cerca ni le hubiera dicho que era muy bueno. Me hizo una ilusión enorme escucharla leer, con alguna pausa donde yo no la habría puesto, pero callé. Cuesta creerlo, ya sé. Después me preguntó qué pensaba y hablamos un buen rato, sin deberes que entregar ni tildes que corregir. Me gustó que quisiera compartirlo conmigo porque sí. Al colgar fui a contárselo a Amparo y me dijo que tenía cara de haber ganado a las cartas. Mejor, bastante mejor, aunque no pienso decirlo en la partida porque luego se me suben a las barbas.